|
JUAN CANO/MÁLAGA
El tiempo siempre corre en sentido contrario. Las agujas del reloj acortan implacables el plazo de entrega. El jefe aprieta y el siguiente porte no entiende de esperas. Se arañan minutos al descanso que se invierten en la carretera, y que se traducen en incentivos económicos a final de mes. Si es necesario, siempre según qué conductores, se hacen trampas para que el tacógrafo disimule el cansancio.
El tacógrafo (equipo que mide la velocidad y los periodos de conducción del transportista), precisamente, es el único instrumento para desenmascarar al infractor, que puede poner en peligro al resto de los usuarios de la carretera. El resto es vigilancia. La Guardia Civil de Tráfico organiza una media diaria de tres controles itinerantes -específicos para transportes- en toda la provincia.
Tacógrafos trucados
En el último año, los agentes han impuesto casi 1.700 multas a camioneros por exceder los periodos de conducción o no respetar los descansos (375), y por la posible manipulación de los tacógrafos (1.308). Pero los tres conceptos están ligados. El motivo de los trucajes suele ser enmascarar un exceso de horas al volante, según explican fuentes del Instituto Armado.
El marco legal que regula el gremio se apoya en cuatro vértices, dos normas estatales y dos comunitarias. Entre estas últimas se encuentra el reglamento 3820/85, que establece los descanso mínimos de los transportistas.
La ecuación es sencilla. Están obligados a intercalar un descanso de 45 minutos (se puede fraccionar en periodos de 15) cada 4,5 horas. En total, al cabo del día, no pueden haber pasado más de nueve horas al volante, que pueden ser diez (por exigencias de la producción) tan sólo en dos días de la semana.
Después de siete días, el profesional del camión no puede haber invertido más de 56 horas en el trabajo y, de ser así, la siguiente semana sólo podría echar 90 horas. «Por eso, la ley exige que lleven en el camión los discos (sobre los que dibuja el tacógrafo) de la semana en curso y de la anterior», comenta un agente de la guardia civil.
Castigo
Las multas por quitarle horas al descanso y dárselas a la conducción oscilan entre 201 y 4.600 euros, de leves a muy graves, que acarrearían además la inmovilización de la cabeza del camión, para que no se pierda la carga y puede ser rescatada por otra unidad. En este último caso, supondría estar 15 horas seguidas conduciendo o descansar menos de 4,5 horas en un día.
Pero éstas son sólo las multas que cantan en el tacógrafo. Luego están las que quedan enmascaradas por la manipulación del equipo, al que se le instala un pincho (un botón o un mando a distancia), que capta los impulsos de las ruedas y evita que lleguen al tacógrafo. En resumen, hacen que aparato marque «descanso» cuando en realidad está circulando.
En los controles de transportes, los guardias civiles introducen una clavija en el tacógrafo y una toma de corriente en el mechero; después, con una calculadora, miden la correspondencia entre las revoluciones del camión y la frecuencia que marca el aparato. «Cuando la manipulación está clara, se hace un reportaje fotográfico y se formula la denuncia», dice el agente. «Si sólo hay indicios, se envía el camión a un taller para que lo inspeccionen». De hecho, en 2004 se revisó a una treintena de vehículos en Málaga por este sistema.
Pero, en la práctica, son muchos más los que salen indemnes. «Es una práctica habitual», afirma Agustín de la Cruz, secretario general de la sección de Transportes y Comunicaciones de CC. OO. en Málaga. En su opinión, son dos los motivos que empujan a las infracciones, con o sin trucaje del tacógrafo: «Las empresas presionan para que se cumplan sus plazos. Tienen dos formas de hacerlo, si el conductor no obedece: no renovándole el contrato o encargándole menos viajes para que no gane más de lo que dice el convenio (los que van a comisión)». En segundo lugar, es el propio conductor quien, animado por ganar dinero, «arriesga su vida y la de los que se encuentra en su camino apurando las horas», apostilla.
La carretera se cobra todos los excesos. Se pierden reflejos, la atención se dispersa con el sueño y acentúa el riesgo de sufrir un accidente. Como ocurrió en Rascafría (Madrid) hace menos de una semana, cuando un camionero somnoliento arrolló las vidas de seis guardias civiles.
|